martes, 20 de enero de 2015

Arde el Obelisco

Lugar: Obelisco.

El Obelisco da para todo. Símbolo de la ciudad por excelencia, centro de protestas y manifestaciones, sugerente torre que despertó las más irresistibles interpretaciones sexuales. Varios temas hablaron del rock argentino hablan del monumento inaugurado en 1936. Tantos lo mencionan que son imposibles de registrar todos, pero acá van algunos.

Fabiana Cantilo, curiosamente, lo incluyó en al menos dos temas: “Muerta de amor” (“¿Qué pasa que no te encuentro? Salí de abajo del aparador, charlatán de feria, no me digas que te falta valor... Adiós. Te quedaste con ganas. Ni Van Gogh ni Rodin, sos un chanta. El obelisco es un adorno más en la ciudad”) y “Obelisco” (“Voy a hacer una huelga de dos días hasta que un chico aparezca a buscarme. Voy a hacer una huelga y un quilombo en el Obelisco para que venga a buscarme”).

Obviamente, el monumento como lugar de protesta es ineludible. Hubo alguna vez una banda muy fugaz, pionera de la movida reggae en la Argentina, que se llamó Todos al Obelisco, formada en 1987. Ese mismo año es retratado por 2 Minutos: “1987, época de gloria. Una tarde de diciembre hacía mucho calor. Represión policial. Arde el Obelisco y la policía la pudrió.” Tan directos como 2 Minutos pero bastante más zarpados en la letra, El Otro Yo escupía su bronca contra el sistema en “Hombre de mierda”: “Vos me chupás bien la poronga. El Obelisco te lo metés en el orto y me chupás bien la garcha”.

El Cuarteto de Nos lo incluye en “Mírenme”, su retrato sarcástico de los que se creen triunfadores: “Rey de la disco bailando sin miedo a romperte un menisco. De tanto mirarte todo el mundo va a quedarse bizco. Hasta el Obelisco se está arrodillando y la vas gozando como un evasor del fisco. ¿Qué pensás, que la fiesta termina cuando vos te vas?”

“La argentinidad al palo”, de la Bersuit, no podía pasarlo por alto, y fanfarronea con que los argentinos son “gigantes como el Obelisco, campeones de fútbol, boxeo y hockey”. Ahí mismo fue donde la banda se terminó de consagrar, con un show al aire libre ante 50 mil personas en 1999, el año de la explosión de Bersuit.

Más líricos, también mencionan al Obelisco Spinetta, los Ratones Paranoicos y Man Ray. El primero se interroga sobre el futuro de estos lares: “Y cientos de siglos aún después, cuando este laberinto vuele de amor, ¿qué será de esto? Cielos amarillos sin eternidad y en el Obelisco un himen colgará de cristales mil”. Juanse canta en “Reina”, igualmente misterioso, “Mi voz te llevará detrás del Obelisco que alguien nevará”. Hilda Lizarazu, en cambio, relata más claramente en “El coronel y la poetisa” la historia de un padre y una hija imposibles de conciliar: “Él siente folklore y mira el Obelisco. / Ella huele las flores es de San Francisco”.

Ningún recorrido por el Obelisco en el rock argentino puede pasar por alto ese temazo instrumental que Raíces, el grupo liderado por Beto Satragni en el que debutó Calamaro a los 17 años, grabó en su primer disco, B.O.V. Dombe, “Hay un funk en la oreja del obelisco”, que todos (incluido el Salmón) volvieron a grabar 30 años después.

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