Fabiana Cantilo, curiosamente, lo incluyó en al menos
dos temas: “Muerta de amor” (“¿Qué pasa que
no te encuentro? Salí de abajo del aparador, charlatán de feria, no me digas
que te falta valor... Adiós. Te quedaste con ganas. Ni Van Gogh ni Rodin, sos
un chanta. El obelisco es un adorno más en la ciudad”) y “Obelisco” (“Voy a
hacer una huelga de dos días hasta que un chico aparezca a buscarme. Voy a
hacer una huelga y un quilombo en el Obelisco para que venga a buscarme”).
Obviamente, el monumento como lugar de protesta es ineludible. Hubo
alguna vez una banda muy fugaz, pionera de la movida reggae en la Argentina,
que se llamó Todos al Obelisco, formada en 1987. Ese mismo año es retratado por
2 Minutos: “1987, época de gloria. Una tarde de diciembre hacía mucho calor.
Represión policial. Arde el Obelisco y la policía la pudrió.” Tan directos como
2 Minutos pero bastante más zarpados en la letra, El Otro Yo escupía su bronca
contra el sistema en “Hombre de mierda”: “Vos me chupás bien la poronga. El Obelisco
te lo metés en el orto y me chupás bien la garcha”.
El Cuarteto de Nos lo incluye en “Mírenme”, su retrato sarcástico de
los que se creen triunfadores: “Rey de la disco bailando sin miedo a romperte
un menisco. De tanto mirarte todo el mundo va a quedarse bizco. Hasta el
Obelisco se está arrodillando y la vas gozando como un evasor del fisco. ¿Qué pensás, que la fiesta termina cuando vos te vas?”
“La argentinidad al palo”, de la Bersuit, no podía pasarlo por alto, y
fanfarronea con que los argentinos son “gigantes como el Obelisco, campeones de
fútbol, boxeo y hockey”. Ahí mismo fue donde la banda se terminó de consagrar,
con un show al aire libre ante 50 mil personas en 1999, el año de la explosión
de Bersuit.
Más líricos, también mencionan al Obelisco Spinetta, los Ratones
Paranoicos y Man Ray. El primero se interroga sobre el futuro de estos lares:
“Y cientos de siglos aún después, cuando este laberinto vuele de amor, ¿qué
será de esto? Cielos amarillos sin eternidad y en el Obelisco un himen colgará
de cristales mil”. Juanse canta en “Reina”, igualmente misterioso, “Mi voz te
llevará detrás del Obelisco que alguien nevará”. Hilda Lizarazu, en cambio,
relata más claramente en “El coronel y la poetisa” la historia de un padre y
una hija imposibles de conciliar: “Él siente folklore y mira el Obelisco. /
Ella huele las flores es de San Francisco”.
Ningún recorrido por el Obelisco en el rock argentino puede pasar por
alto ese temazo instrumental que Raíces, el grupo liderado por Beto Satragni en
el que debutó Calamaro a los 17 años, grabó en su primer disco, B.O.V. Dombe, “Hay un funk en la oreja
del obelisco”, que todos (incluido el Salmón) volvieron a grabar 30 años
después.

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